Ángel Domínguez · Solar Auditoría · 67 €
Retrato de Ángel Domínguez Sánchez frente al mar
Quién soy

Cómo sobreviví al Big Bang de la energía solar en España

36 años persiguiendo la luz del sol. De los que se manchaban las manos de grasa y plomo.

Hay gente que se sube al carro de las renovables porque está de moda. Otros porque han visto un tutorial en YouTube y se creen que un panel solar es un Lego. Yo me subí cuando los paneles costaban una fortuna, pesaban como un piano de cola y los vecinos del pueblo pensaban que estaba instalando espejos para comunicarme con los marcianos.

Soy Ángel Domínguez Sánchez. No vengo del marketing. No vengo de la ingeniería de papel. Vengo del tejado.

1983 · Salamanca

El bibliotecario que miraba las fotos

Mi primer contacto con la energía solar no fue en un aula. Fue en la biblioteca de un colegio menor en Salamanca. Yo tenía 15 años y era bibliotecario. Entre libro y libro, me topé con una revista que mostraba unos paneles solares.

Me fascinaron por una razón que entonces no sabía explicar: captaban luz, la transformaban y la aprovechaban. Nada sobraba. Nada se perdía. Había una lógica limpia en aquel mecanismo. Una eficiencia silenciosa que me parecía casi moral. Quizá por eso, años después, terminé dedicándome a esto.

Barcelona

La aguja del polímetro

El CTE de Barcelona era un edificio feo, funcional, con aulas de fluorescente y mesas de formica. Pero olía a futuro. Allí vi mi primera célula fotovoltaica real. No en un libro. En una mesa de pruebas, conectada a un polímetro, generando voltios bajo un flexo.

El profesor la tapaba con la mano y la aguja bajaba. La destapaba y subía. Silencio. Sin combustión. Sin ruido. Luz a corriente. Me quedé mirando la aguja como si fuera un milagro.

Matallana de Torío · León

El campamento de los elegidos

Devorando cada mes la mítica revista profesional Era Solar, encontré un anuncio que me cambió la vida: los pioneros cursos técnicos en el idílico pueblo de Matallana de Torío. Allí nos juntamos los cuatro «locos» de toda España que queríamos aprender la tecnología de campo real. Mientras el país miraba a otro lado, nosotros pasábamos los días entre inversores experimentales, esquemas eléctricos y cálculo de radiación pura.

Sevilla · CENSOLAR

El soldador que calculaba secciones de cable

CENSOLAR era más serio. Más profesional. Allí ya no éramos curiosos: éramos técnicos. Me pasé el curso dibujando diagramas de instalaciones aisladas. Baterías, reguladores, inversores. En el taller, mientras soldaba barandillas, repasaba mentalmente los cálculos de sección de cable. Era un truco para aguantar el ruido. La radial zumbaba y yo pensaba en la resistencia del cobre.

1993 · La Puebla de Montalbán

El año en que vi el futuro

Mientras media España arrastraba la resaca de la Expo del 92, yo me fui de excursión científica a La Puebla de Montalbán. Fui uno de los pocos privilegiados en asistir a la visita guiada de Toledo PV, la central de 1 MW de Unión Fenosa que entonces era la más grande de Europa.

Allí vi los míticos paneles alemanes Nukem instalados sin marco de aluminio. Láminas de vidrio puro al viento. Una locura hermosa que me dejó claro a qué quería dedicarme el resto de mi vida.

Madrid · BP Solar

El «Silicon Valley» solar y el señor Anta

Para enterarme bien de qué iba esto, me planté en la mismísima fábrica de BP Solar en Alcobendas, el auténtico epicentro de la vanguardia solar de la época. Allí, bajo la batuta de Javier Anta —que años más tarde presidiría la patronal ASIF—, vi cómo se fabricaban las revolucionarias células Saturn que luego alimentarían los proyectos más importantes del continente. Fui a beber directamente de las fuentes del saber fotovoltaico. No me conformé con leer el manual.

1994 · Piedralaves

Mi bautismo de fuego

Con la lección aprendida, tocaba jugársela en el barro. Mi bautismo de fuego no fue en un cómodo laboratorio climatizado, sino en los tejados de la Sierra de Gredos. ¿Mi primer cliente? El dueño de un asador local. Un auténtico visionario que quería luz en su casa de montaña para envidia de toda la comarca.

Le monté un ecosistema aislado que hoy parecería una pieza de museo, pero que en el 94 era tecnología aeroespacial: 4 módulos monocristalinos BP de 65 W recién salidos del horno, un inversor Hansen de 300 W que zumbaba como un nido de avispas enfadadas cada vez que encendías una bombilla, un regulador italiano analógico con más relés que un búnker de la Guerra Fría y 4 baterías Varta de 180 Ah interconectadas a base de puentes de plomo puro. El hostelero tuvo luz del cielo en mitad de la sierra y yo me gané mis primeros galones de campo.

1994-1995 · Talavera de la Reina

La feria donde los paneles eran vitrocerámicas

Como autónomo, monté una exposición de Instalaciones Solares Fotovoltaicas en la Feria Industrial, Agrícola y Ganadera de Talavera. 24 metros cuadrados de stand. Allí descubrí que España no estaba preparada para la energía solar: las mujeres del pueblo pensaban que los módulos monocristalinos eran vitrocerámicas de última generación. Y de repente te aparecía un ingeniero de semiconductores preguntándote por baterías transparentes. Yo estaba allí, explicándole a un ganadero y a un ingeniero aeroespacial lo mismo, con las mismas palabras.

1993 · CIEMAT

La bendición académica del Maestro

Para consolidar la práctica con la máxima teoría disponible en el planeta, me formé en el CIEMAT. Allí tuve el inmenso honor de tener como profesor a D. Eduardo Lorenzo, eminencia mundial de la UPM y autor de la biblia del sector: Electricidad Solar Fotovoltaica. Con él entendí lo que ya intuía: que un panel no es una vitrocerámica, es una ecuación de estado sólido que respira.

Me enseñaron una placa que había viajado al espacio. La toqué con la punta de los dedos. Estaba fría. «Esto es el futuro», dijo el técnico. Yo ya lo sabía. Lo sabía desde 1983.
2004 · Mallorca

El salto a las islas y la era de la madurez

Cuando la tecnología solar maduró y dejó de ser una rareza para ermitaños, crucé el charco hacia Baleares. A partir de 2004 conté con otro mentor de excepción: Rafael Puigcercós Cifre, el cerebro detrás de G-ener y uno de los grandes referentes de las renovables en las islas. Con él aprendí a saltar de los pequeños tejados aislados a la primera gran oleada de ingeniería solar comercial y de conexión a red en Mallorca. Si Javier Anta me enseñó cómo se fabricaba la luz, y Eduardo Lorenzo su física, Rafael me enseñó cómo gobernarla a gran escala. La trifecta perfecta.

2007 · La independencia, con papeles

El día que mi forma de trabajar pasó por notario

En 2007 di un paso que define todo lo que hago hoy: fundé mi propia empresa de project management. El notario lo dejó escrito con todas las letras —dirección y gestión de proyectos técnicos por cuenta de la propiedad—, y esa frase, aburrida y oficial, es la mejor declaración de principios que he firmado nunca.

Porque significa una cosa muy simple: yo trabajo para el que paga la obra. Punto. No para el que vende los paneles, no para el que los instala, no para el fabricante que reparte comisiones. Para la propiedad. Llevo desde 2007 con eso por escrito en el Registro Mercantil, y desde mucho antes en la cabeza.

Cuando hoy te digo que mi auditoría es independiente, no es un eslogan: es lo único que he sabido hacer en toda mi vida profesional.

2019 · Zaragoza

Mirando al futuro: el hidrógeno

Porque esto nunca se acaba, en 2019 completé el curso de Procesos de Hidrógeno y Pilas de Combustible por la SEAS y la Universidad de San Jorge de Zaragoza. Treinta y seis años después de aquella biblioteca de Salamanca, sigo aprendiendo.

🛠️ ¿Por qué trabajar conmigo hoy?

Hoy cualquiera con corbata te vende un panel de 450 W fabricado en masa usando tecnicismos en inglés que ni él mismo entiende. Pero si buscas a alguien que entienda la energía solar desde sus raíces moleculares, que haya estudiado con los padres fundadores de la ciencia solar en España y que haya pateado los tejados de Mallorca, Ávila, Toledo, Madrid y Gerona durante más de treinta años... estás en el lugar correcto.

He visto clientes que han pagado 9.000 euros por baterías nuevas cuando el problema eran 300 euros y tres visitas. Por eso estoy aquí. No vendo paneles. No cobro comisiones de fabricantes ni de instaladores. Solo ofrezco certeza. La que da haber estado allí cuando esto era un desierto.

Ángel Domínguez Sánchez · Desde Salamanca 1983 hasta Baleares hoy.
«De la biblioteca de Salamanca directamente a tu tejado.»

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